RINCÓN DE ENTREVISTAS | ÁNGEL GUTIÉRREZ, un joven de ochenta años

Angel Rodríguez teatro FOTO PORTADA<<Trabajaba, comía y dormía en la ‘Bodega Conca’>>

Ángel Gutiérrez tiene ochenta años. Nació en Cañete de las Torres (Córdoba) y vino a Barcelona junto a su mujer, Pepita Marín, en busca de un futuro mejor. Su vida ha transcurrido en el barrio del Carmel donde empezó detrás de un mostrador para acabar encima de un escenario.

Un futuro mejor…
¡Digo! Eso vinimos a buscar… Yo en mi tierra trabajaba en el campo. Teníamos unos terrenos con olivos pero aquello no daba de comer a los seis hermanos que éramos. Un día iba yo por la carretera con una mula cargada y un camión nos arrolló. A la mula me la mató, y a mí, me dejó inválido de una pierna de por vida. Ya no pude volver a trabajar en el campo…

Y se vino para Barcelona.
Así es. Me casé en el pueblo en el año 1962 y me vine para aquí. Una hermana de mi mujer nos dejó la llave de un piso en Hospitalet y allí empezamos nuestra vida. ¡En el pueblo decían que en Cataluña había mucho trabajo!

¿En qué pudieron trabajar?
La cosa no fue tan fácil… A lo primero empezamos a trabajar juntos en una fábrica de Puerta Ferrisa donde hacíamos caballitos de juguetes. Luego, ya tuvimos a nuestros niños,  mi mujer se retiró, y yo empecé a trabajar en Autobuses Oliveras en Hospitalet. Pero no había manera de tener estabilidad, así que, pensamos en montar un negocio.

angelgu¿Cómo lo hicieron?
Pues la verdad es que nada más que teníamos veinte mil pesetas y con eso no podíamos ni empezar. Así que mi suegro pidió un préstamo, yo vendí un trozo de tierra del pueblo, y pudimos comprar la Bodega Conca, en la calle Conca de Tremp, 39.

Y se pusieron a vender…
Los dos nos pusimos detrás del mostrador a vender vino a granel, licores, hielo… Allí trabajábamos, comíamos, dormíamos…Estuvimos viviendo en un cuarto detrás de la bodega lo menos tres años. Abríamos a las ocho de la mañana y cerrábamos a las once de la noche, un día tras otro, sin descansar. Pero por muchas horas que echábamos, no había forma de ahorrar un duro, y encima, nos echaron una multa de cien mil pesetas por vender boletos.

¿Boletos?
¡Sí! Antes se vendían unos boletos por las tiendas y por los bares, que eran de colorines y tenían diferentes premios, pero estaban prohibidos. La mala gracia que tuvimos es que un cliente nos denunció y la policía vino y nos echó la multa.

Lo que les faltaba, ¿verdad?
Después de todo, tuvimos mucha suerte. La Casa Real nos la quitó…

¿Cómo?, ¿la Casa Real?
¡Digo! Teníamos un familiar que trabajaba en la Casa del Rey. Un día, hablando -una de las pocas veces que podíamos hablar porque el teléfono era muy caro- le comenté lo que nos había pasado. Él, ni corto ni perezoso, se lo contó a Sabino Fernández Campo (Jefe de la Casa del Rey). Al otro día Sabino me llamó a casa personalmente y me dijo que estuviera tranquilo que ya había mediado y la multa no la tendría que pagar.

Pudieron seguir con la bodega…
Sí, pero a mí ya me dieron la invalidez absoluta por el problema de la pierna y los chavales no querían continuar con el negocio, así que, después de treinta años cerramos las puertas de Bodega Conca.

Y entonces…
Empezamos a ir al casal de la calle Tolrá. Mi mujer hacía costura y yo le hacía masajes a la gente. También hacíamos teatro, sevillanas, canto… Luego empezamos con la informática en ADSIS y allí nos juntamos un grupo de gente con muchas ganas de hacer cosas y empezaron a salir ideas para montar algun tinglado. Mi ilusión de toda la vida había sido montar una asociación para que la gente del barrio pudiera hacer actividades y pasar el rato.

Y lo consiguió.
Así es. Soy uno de los fundadores y Socio de Honor de la Asociación 40pa’rriba 40pa’bajo. ¡Esa ha sido la alegría más grande de mi vida! En 2009 éramos doce personas, ahora, ¡somos más de trescientos! Nos lo pasamos de fábula, estas cosas van muy bien hasta para la depresión. Tenemos socios que han venido, ¡recomendados por el médico!

Angel saludaUsted baila, canta, hace teatro… ¡Es todo un artista!
¡Hago de todo! Baile en línea, sevillanas, sardanas, canto, y también teatro. Yo era muy vergonzoso, pero mira, al final he acabado encima de un escenario haciendo de bailarina, de chulapo, y hasta de burro en el portal de Belén.

Se le ve feliz…
¡Digo que sí! Y eso que me tienen que operar y este año no podré bailar en la Feria de Abril. Pero para mí es una satisfacción poder hacer estas cosas. Todo lo que durante tantos años me ha dado el barrio a mí y a mi familia, ahora, a mis ochenta, es la forma que tengo de dar las gracias.

©FrankPebrett
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