PLAZA DE LAS LETRAS | DESPEDIDAS

Uno tras otro esperaban el sacramento de la comunión. No había limites cuando se trataba de fe. Con sus muletas, andadores y el equilibrio mermado, se levantaban de los rechinantes bancos de madera de la capilla para recibir la hostia sagrada.

De mientras, sin querer interrumpir aquél sepulcral silencio ni siquiera con mi pensamiento, me preguntaba cuántas hostias no les habría dado la vida. Me lo decían sus canas, sus rebequitas de punto calado gris, sus permanentes blanco nuclear con aroma a lavanda, sus miradas…

Hoy despedían a su compañero de asilo don Ermenegildo Pujante, un guerrero incansable. Cabizbajos, y con esas manos llenas de luz esperando el pedazo de pan sagrado, miraban hacia el féretro sabiendo que aquello era un “hasta pronto”.

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©FrankPebrett
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