RINCÓN DE ENTREVISTAS | JOSEP MUÑOZ, un tenor de 80 años

josep1.png<<Canto ópera para hacer feliz a la gente>>

Nació en la plaza de la Gala Placidia (Gràcia) en 1936, y vive en el barrio del Carmel hace casi setenta años. Allí conoció a su mujer, Dolors, con la que tiene un hijo y dos nietos. Ha combinado su oficio de impresor con su pasión, la ópera. Es un hombre inquieto, con ganas de vivir, sencillo, que quiere pasar desapercibido, pero no puede. Y es que tiene un don: una voz de tenor que, a sus 80 años, sigue regalando en los teatros, iglesias, casales y residencias de ancianos de Barcelona. Canta porque la música es su vida, pero, sobre todo, porque cantando, hace feliz a la gente.  

“Mamá, eres tú, la más bella del mundo, y el amor más profundo, viene de ti” … (Canta).

¿De dónde le sale esa voz?
(Ríe) ¡Viene de familia! Mi padre era tenor, y mi tío, en paz descansen, era barítono. ¡Ay, cómo pasan los años! Pensar que ya no están, y lo que me gustaba oírlos cantar… Ellos fueron mi fuente de inspiración. Empecé, de niño, cantando temas de Antonio Machín muy populares en aquellos años. También he sido un gran admirador de Antonio Molina, ¡me fascinaban esos agudos que sólo él era capaz de hacer! Posteriormente, fui a clases de canto con un tal mestre Ferrer, un gran profesor de música…

¿Y empezó con la ópera?
En mi casa siempre se escuchaba ópera y música clásica. Me enamoré de la lírica escuchando a Alfredo Kraus, Miguel Fleta, Aragall, Carreras… Pero, sobre todo, a mi querido Mario Lanza.

josep2¿Fue su referente?
Así es. El año que murió el gran Enrico Caruso, nació otro grande: Mario Lanza. Su chorro de voz me cautivó en películas como Tú eres mi pasión, El gran Caruso o Las siete colinas de Roma. Se atrevía con grandes temas: Granada, Nessun Dorma… Tengo la imagen grabada de Lanza sentado en la Fontana di Trevi cantando “Arrivederci Roma, Adios, goodbye, au revoir”… (Canta).

¿Y usted, cuándo se lanza a los escenarios?
Hace unos treinta años que empecé a cantar ópera y zarzuela públicamente. Combinaba mi trabajo de impresor con la música. Empecé en una coral de la plaza Sanllehy, luego en una coral de la calle Xifré, y así fui entablando relación con gente del mundo de la lírica hasta que empecé a actuar como solista. También estuve varios años actuando con una gran soprano en un centro artístico situado en el Museo Dalí de Barcelona, al lado de la Catedral. Fueron tiempos muy bonitos cantando La Traviata, La Dolorosa, Luisa Fernanda

Pero, aún sigue cantando a sus ochenta años…
Yo siempre le digo a san Pedro que ¡no tenga prisa ni con mi señora ni conmigo! (Ríe). He participado en centenares de conciertos, festivales, homenajes… Tengo una habitación llena con todos los carteles y fotografías de mis actuaciones. Son recuerdos que me dan fuerza día a día para seguir a pie del cañón. Actualmente, canto cada segundo domingo de mes en el Teatro Guadiana, también voy a casales, residencias de ancianos, parroquias… En diciembre, canto en un concierto solidario de una parroquia de Hostafrancs que hace recogida de alimentos para los más necesitados.

Con esta agenda, tendrá que cuidarse mucho la voz.
No hago nada en especial… El otro día fui a ponerme la “vacuna de la juventud” y la enfermera ¡no se creía que tuviera ochenta años! Cada mañana cuando me levanto doy gracias por seguir teniendo voz. La voz, como la vida, es una cosa que hoy la tienes y mañana no. Llevo una vida sana: alimentación vegetariana, no bebo alcohol, no fumo, hago largas caminatas hasta la Villa Olímpica y la plaza Cataluña. Tan sólo tengo dos vicios y son buenos: la música y mi señora (Ríe).

josep-4Su mujer es su fan incondicional…
Mi señora, Dolors, me ha apoyado toda la vida. Siempre vamos juntos a todos los eventos. Ella me graba cuando actúo y es mi mejor consejera. Me dice: “Aquí tienes que respirar un poquito más, aquí has fallado, aquí podrías mejorar”… Y, encima, ¡es la que me aplaude más fuerte! (Ríe). Uno, cuando canta, con la emoción, no es consciente de los fallos que hace, y siempre, hay algo que mejorar.

En su barrio deben estar orgullosos de tener un vecino como usted.
Llevo en el barrio hace casi setenta años. Cuando yo vine, el 24 paraba en la calle Escorial y todo el mundo bajaba caminando a cogerlo por el camino del Cotolengo. También recuerdo un autobús inglés de dos pisos que iba desde la plaza de la Gala Placidia hasta Santuarios.

El Carmel siempre ha sido muy familiar. Mi juventud la pasé en la calle Gran Vista, y aún conservo amistades de aquél entonces: Herminia y Antonia. Éramos muy felices con poco. Montábamos hogueras en la calle por san Juan, bailábamos o escuchábamos el fútbol en la radio de algún vecino porque todavía no había tele… Y ahora, fíjate, ¡ya tenemos hasta metro! Esto ha mejorado mucho la calidad de vida de las personas mayores.

A pesar de tantos años en el barrio, hay mucha gente que aún no me ha oído cantar. Soy consciente de que tarde o temprano tendré que dejar de hacerlo, los años no perdonan. Pero es que cantar es mi vida, y, sobre todo, cantar para hacer feliz a la gente.

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©FrankPebrett
Fotos: Núria Millàs

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