RINCÓN DE ENTREVISTAS | PACO JIMÉNEZ, el diácono del Carmel

aco5<<El padre Eduardo bajaba con la sotana a las manifestaciones vecinales. Tan importante era tener un templo como tener cloacas, luz y agua>>

Paco Jiménez llegó en los años 60 a Barcelona y se quedó prendado del barrio del Carmel. Allí se casó con Pepita Zafra, tuvieron 3 hijos y ya son abuelos de 5 nietos. Su vocación de servicio a los demás lo llevó a ser diácono de la Parroquia del Carmel. Desde hace 25 años, su Iglesia es la de esas mujeres y esos hombres del barrio que hicieron su casa con sus propias manos, lucharon por el alcantarillado y construyeron la Parroquia en sus ratos libres con el padre Eduardo. Una Iglesia a pie de calle forjada con fe: fe en la humanidad.

¿Cómo fue su llegada al Carmel?
Mi primer contacto con Barcelona fue haciendo el servicio militar. Esta ciudad me cautivó. Y cuando llegó el momento de formar una familia pensé que era el mejor sitio para hacerlo. Mi hermana me trajo un día al Carmelo, y la verdad es que al principio pensaba que este barrio estaba demasiado lejos del centro de la ciudad. Mi sorpresa fue cuando subí a la montaña pelada y me percaté de que estábamos en el centro de Barcelona, podía disipar todos los barrios de la ciudad y, además, ¡disfrutar de la obra de Gaudí!

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¿Cómo nació su vocación de diácono?
Mi vocación siempre fue la de ayudar incondicionalmente.  Un día una vecina me invitó a subir a la Parroquia del Carmel y tuve la gran suerte de conocer al padre Eduardo…

Un icono en el barrio del Carmel…
Fue un hombre comprometido 100% con el Carmel y sus gentes fueran de donde fueren. Consiguió el equilibrio entre lo pastoral y lo reivindicativo. Bajaba con la sotana a las manifestaciones vecinales para dar ejemplo a la Iglesia, y siempre pensó que tan importante era tener un templo como tener agua, luz, cabinas telefónicas, cloacas…

Lo iluminó.
¡Era admirable! Eduardo me ofreció un grupo de catequesis, fue allí donde empecé a percatarme de que en este barrio había una gran riqueza de personas, culturas y pensamientos. Me intentaron convencer en diversas ocasiones del diaconado, pero durante 5 años rechacé la opción. Un día me di cuenta de que, desde mi humildad, mi trabajo podría ser mucho más fructífero desde esa opción y servir como puente para que las personas lograran sentirse Iglesia sin necesidad de ir al templo.

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¿Cómo se compenetra esta vocación siendo padre de familia?
Fueron años duros de estudio, trabajo y familia, pero antes de decidirme por esta opción tuve muy en cuenta la opinión de mi mujer y mis hijos. Creímos que también podía ser una riqueza para la familia el estar al servicio del barrio y conocer las historias que se esconden detrás de cada persona.

Lo que debería ser realmente la Iglesia, ¿no?
Para mí la iglesia tiene que partir de la pobreza, huir del poder, estar abierta al mundo y crear nuevas fórmulas para llegar a la juventud. Está claro que se necesita un modelo de Iglesia diferente. Hemos de evangelizar a través de la sensibilidad humana, de la música, de las imágenes…

paco1¿A los jóvenes también?
Tengo muchas charlas con jóvenes y pienso que sigue habiendo una juventud sana, pero con una carencia enorme de referentes. Antes había otras estructuras familiares que permitían percibir de otra forma los valores, el sacrificio, el esfuerzo… Hoy en día la sociedad empuja a los padres a tener unas obligaciones laborales que los alejan de sus hijos y los referentes de estos acaban siendo ídolos irreales de la moda, la música, etc. Es evidente que la juventud tiene que pasárselo bien, pero para eso no todo vale. Tienen que poner orden a sus sentidos, ser disciplinados y tener verdaderos referentes en un acto de plena libertad.

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Usted es un referente…
El hecho de ser obrero, haber trabajado en cadena y vivir el día a día a pie de calle, me permite acercar a la Iglesia de una forma más pragmática lo que un hombre y una mujer necesitan verdaderamente. A día de hoy mi tiempo no pertenece sino a la gente de mi entorno que me necesita, y hacer este trabajo desde una actitud altruista y abierta me da mucha paz y me proporciona un orgullo que no es en vano. La gente necesita a alguien que esté dispuesto a estar cerca de ellos y escucharlos con respeto y sigilo. Es simplemente eso.

¿Qué significa el Carmel para usted?
En la Parroquia me siento muy querido. La verdad es que es un barrio al que le tengo mucho amor. Me cautivó ver cómo la gente construía sus propias casas, luego las calles donde vivían y en los ratos libres hacían la Parroquia. Yo nunca he pretendido evangelizar por evangelizar, sino que, a pie de calle he confiado en una Iglesia de hombres y mujeres con una fe profunda en la humanidad.

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©FrankPebrett
Fotos: TV Horta-Guinardó y Frank Pebrett

 

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