PLAZA DE LAS LETRAS | IDENTITY

identidadIdentity (2012) es un cortometraje de K. J. Adames que invita a hacer un ejercicio reflexivo sobre la identidad del ser humano en tanto que individuo social. Una oportunidad para el análisis desde un punto de vista sociológico que es desde donde nace este breve ensayo.

En el corto, ya desde el título, resulta evidente cuál es la idea troncal del mismo: la identidad. Una cuestión que se presenta de forma simbiótica y necesaria para el ser humano. Las personas nacen con una identidad, se construyen una identidad para funcionar en sociedad y, además, se pasan la vida dándole forma y modificándola para adaptarse a sus propios cambios y a los del entorno.

En la sociedad contemporánea donde vivimos, donde todo se etiqueta, todo se empaqueta y todo se clasifica, la identidad de los individuos a menudo viene dada por una serie de etiquetas consensuadas, aunque artificiales, que, a medida que las sociedades crecen, se masifican y complican su estructura social, sirven como vehículo para la convivencia, para el orden social, para jerarquizar, pero, sobre todo, para controlar. Unas etiquetas que, en Identity, vemos cosificadas en máscaras.

Desde la antigüedad, las máscaras han cumplido dos funciones fundamentales. De un lado, la función de ocultarnos, y de otro, la de mostrarnos de una forma diferente a la que somos. Y si hay máscaras es porque, implícitamente, hay autoconsciencia, hay consciencia de identidad y hay voluntad de darle forma a esa identidad.

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Es interesante observar cómo en el inicio del cortometraje, cuando la adolescente se mira al espejo para colocarse la máscara, hay un autoreconocimiento, es decir, reconoce a esa persona que ve habitualmente y que se enfrenta a una sociedad que también reconoce. Y finalmente, cuando la adolescente se vuelve a mirar al espejo, ese autoreconocimiento ha pasado a ser autoconocimiento, y es entonces cuando se quita la máscara.

A pesar de ese autoconocimiento, bien es cierto que resulta prácticamente imposible prescindir de esas máscaras. Y es que, desde el momento en que nacemos, ya lo hacemos con una máscara, con una identidad: nos asignan un nombre, un género, y el simple hecho de tener unos u otros progenitores, ya condiciona nuestra identidad. Sin embargo, esta imposición inevitable, no implica que necesariamente tengamos que estar atrapados tras esas máscaras sin poder hacer nada. Existe la posibilidad de tomar consciencia a lo largo de la vida, de ser conscientes del porqué de llevar una u otra máscara, y de conocer cuándo y cómo debemos hacer uso de ellas.

De hecho, es parte del proceso que realiza la protagonista del cortometraje, aunque no lo realiza al completo. Esa huida final hacia adelante desbocada en el momento en el que se quita la máscara y sale al exterior, puede verse como una acción heroica de libertad, pero también podría interpretarse como un acto de rebeldía y de no querer asumir que no puede prescindir de esas máscaras para poder funcionar en sociedad.

Hacerlo es una utopía que no es funcional ni en el más solitario de los soliloquios. Si el individuo “es”, “es” en relación a los demás, es decir, si no existe reconocimiento de los demás ni consciencia de nuestro entorno, uno no puede construirse una autoidentidad basada únicamente de nuestra piel hacia adentro.

Sin embargo, como apuntaba anteriormente, existe la oportunidad de tomar consciencia de esas máscaras y poderlas gestionar. Lo vemos explícitamente en la lección de la clase que aparece en el cortometraje donde explican la alegoría de la caverna de Platón. Ese esclavo que sale afuera de la caverna en busca de la verdad, está inmerso en el proceso de autoconomiento que también realiza la protagonista de Identity. Una oportunidad de conocimiento que metafóricamente vemos también en esa luz que deducimos puede entrarle a la protagonista a través de la porción rota de su máscara, y también en la creatividad de la máscara que destaca sobre todas las demás. Estamos ante dos aforismos cruciales para el conocimiento: de un lado, “Atrévete a conocer” (Sapere aude) y de otro, “Conócete a ti mismo” (Gnóthi seautón).

schoolOtro de los temas troncales que aparecen en Identity es la cuestión de los roles sociales. Roles que las personas adquirimos y que nos sirven para estructurarnos, para relacionarnos y para funcionar en sociedad. Y aunque el rol es una actitud personal, hay que considerar que éste no es posible si no es en sociedad. Son roles variables, extrapolables, podemos tener más de uno y alternarlos según el contexto. Lo vemos reflejado en el corto de forma explícita con ese cambio de máscaras que realiza una adolescente para cambiar de un grupo de compañeros a otro.

En referencia a estos roles, a través del tablero de ajedrez, encontramos una clara crítica social que pone de relieve cómo estos roles son alterados, impuestos o reconducidos por las estructuras de poder que estructuran y estratifican la sociedad de forma intencionada. De un lado, por simple organización social, y de otro, de forma nociva para obtener beneficios y control. En el corto queda explícito en dos momentos: cuando se dictan instrucciones para la colocación de las máscaras rojas, y cuando aparece un anuncio publicitario con una clara apelación a un cánon de belleza sólo posible a través de una máscara determinada. De hecho, podríamos decir que el propio cortometraje es una máscara que nos muestra una realidad forzada con una intencionalidad determinada…

Estos roles alterados, a pesar de que los demos per se, a menudo nos vienen impuestos y pueden resultar nocivos para la población. ¿Cuántos trastornos mentales se diagnostican a partir de unas etiquetas sociales determinadas que sólo se producen en el contexto determinado donde vivimos y que no serían posibles en otros contextos? ¿Cuántas decisiones equivocadas toman las personas que manejan las estructuras de poder por el mal uso y perversión de esas máscaras? Y así, muchos otros interrogantes.

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En Identity queda latente que no basta con tener una identidad, sino que necesitamos tener la identidad adecuada en cada momento. Y lo vemos en una clara paradoja. Durante todo el cortometraje la protagonista posee una máscara, una máscara diferente, que además no cede y no varía a pesar de la presión exterior, y no consigue establecer relación con ninguna persona más que consigo misma. En el momento de quitarse la máscara en un ejercicio de rebeldía y liberación, es entonces cuando consigue la atención de los demás, pero no desde el reconocimiento heroico, sino todo lo contrario, como un hecho extraño y de rechazo que la condena a la soledad una vez más.

Es cierto que podríamos estar ante una persona valiente que va a contracorriente persiguiendo su propia libertad y que quiere mostrarla al mundo, sin embargo, podríamos estar también ante una persona equivocada. Quizás, el esclavo de la caverna de Platón tuvo la opción de sacar a sus colegas, quitarles las máscaras y mostrarles el camino de la verdad, pero en una sociedad de masas como la nuestra, esto no es posible si se quiere funcionar socialmente. No podemos renunciar a las máscaras, tan sólo queda espacio para un mimetismo consciente.

©FrankPebrett

 

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